Guerra y Paz
Guerra y Paz Napoleón no sonrió, aunque parecía estar del mejor humor; mandó que le repitieran esas palabras. Lavrushka se dio cuenta de ello y, para contentarlo, fingió no conocer a su interlocutor y dijo:
—Sabemos que vosotros tenéis a Bonaparte, que ha vencido a todos en el mundo. Pero lo nuestro es otro cantar— dijo. Sin saber por qué ni cómo, un patriotismo fanfarrón se coló en sus palabras.
El intérprete las transmitió a Napoleón sin la última parte. Bonaparte sonrió: “Le jeune cosaque fit sourire son puissant interlocuteur”,[392] comenta Thiers. Tras unos pasos en silencio, Napoleón se volvió a Berthier y le dijo que le gustaría conocer qué efecto produciría sur cet enfant du Don[393] la noticia de que el hombre con quien hablaba aquel enfant du Don era el Emperador en persona, el mismo que había escrito sobre las pirámides su nombre glorioso e inmortal.
Y así se hizo.