Guerra y Paz
Guerra y Paz —¿Sabe que estamos en peligro, chère Marie?— siguió mademoiselle Bourienne. —Nos rodean los franceses y es peligroso salir ahora. Si nos vamos es casi seguro que caeremos prisioneras, y Dios sabe…
La princesa miraba a su amiga sin comprender del todo lo que decÃa.
—¡Oh! ¡Si supieran qué indiferente me es ahora todo!— dijo. —No querrÃa por nada del mundo alejarme de él… Alpátich me ha dicho algo sobre el viaje… Hable usted con él; yo no puedo ni quiero ocuparme de nada…
—Ya hablé con él; espera que podamos partir mañana. Pero yo creo ahora que serÃa mejor quedarnos aqu× dijo mademoiselle Bourienne, —porque estará de acuerdo, chère Marie, en que serÃa terrible caer por el camino en manos de los soldados o de los campesinos sublevados.
Mademoiselle Bourienne sacó de su bolso una proclama del general francés Rameau, escrita en papel distinto del que acostumbraban a emplear los rusos, en la cual invitaba a los habitantes de las aldeas a no abandonar sus casas, porque las autoridades francesas los protegerÃan, y entregó el papel a la princesa.
—Creo que lo mejor serÃa dirigirse a ese general— dijo mademoiselle Bourienne, —estoy segura de que serÃa usted tratada con el debido respeto.