Guerra y Paz
Guerra y Paz —¿Qué, ya está terminado? —preguntó Kutúzov interrumpiendo a DenÃsov en medio de su exposición.
—SÃ, Alteza SerenÃsima— respondió el general.
Kutúzov sacudió la cabeza, como diciendo: “¿Cómo puede un hombre solo hacer tanto?â€, y siguió escuchando a DenÃsov.
—Doy mi palabra de honor de oficial ruso— decÃa DenÃsov —de que cortaré las comunicaciones de Napoleón.
—¿Es pariente tuyo el jefe de intendencia Kiril Andréievich DenÃsov?— lo interrumpió Kutúzov.
—Es mi tÃo, Alteza.
—¡Vaya! Éramos amigos— comentó alegremente Kutúzov. —Bueno, bueno, querido; quédate aquÃ, en el Estado Mayor, y mañana hablaremos.
Despidió con un movimiento de cabeza a DenÃsov, se volvió y alargó la mano hacia los documentos que le traÃa Konovnitsin.
—¿No se dignarÃa Su Alteza entrar en la habitación?— dijo el general de servicio con aire descontento. —Hay que examinar los planos y firmar algunos documentos.
Un ayudante de campo que acababa de salir informó de que en la casa todo estaba dispuesto; pero, al parecer, Kutúzov querÃa entrar en su casa después de haber resuelto todo; frunció el ceño.