Guerra y Paz
Guerra y Paz Pero en cuanto el mayordomo desapareció, Pierre tomó un sombrero que había sobre la mesa y salió por la puerta excusada de su despacho. En el pasillo no había nadie. Pierre recorrió todo el largo pasillo hasta la escalera, cejijunto y frotándose la frente con ambas manos, y bajó al primer rellano. El portero estaba en el portal. Desde el descansillo en que se hallaba Pierre otra escalera conducía a la puerta de servicio. Pierre tomó la escalera de servicio y bajó al patio. Nadie lo había visto. Pero en la calle, al cruzar el portalón, los cocheros que estaban allí se descubrieron delante del amo. Sintió todas aquellas miradas fijas en él e hizo como el avestruz, que esconde la cabeza para no ser visto. Bajó la suya, y, acelerando el paso, se alejó calle adelante.
De cuanto Pierre debía hacer aquella mañana, lo más urgente le pareció la selección de los libros y documentos de Osip Alexéievich.
Tomó el primer coche que encontró y ordenó que lo llevara a Patriárshie Prudí, donde se encontraba la casa de la viuda Bazdéiev.
Sin dejar de mirar los convoyes que avanzaban por todas partes y salían de Moscú, Pierre, al acomodar su grueso cuerpo en el carruaje, procurando no perder el equilibrio en aquel destartalado carricoche, sintió una emoción semejante a la del muchacho que escapa de la escuela.