Guerra y Paz

Guerra y Paz

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Repetidas veces Guerasim se acercó sin hacer ruido para echar una mirada al despacho y siempre vio a Pierre en la misma postura. Pasaron más de dos horas. Guerasim se permitió hacer ruido en la puerta para llamar la atención de Pierre; pero éste no lo oyó.

—¿Ordena que despida al cochero?

—¡Oh, sí!— dijo Pierre, volviendo a la realidad y levantándose rápidamente. —Oye— añadió mirando al viejo con los ojos brillantes, exaltados y húmedos, —¿sabes que mañana habrá una batalla?

—Eso dicen— respondió Guerasim.

—Te ruego que no digas a nadie quién soy, y que hagas lo que te diga…

—A sus órdenes. ¿Quiere que le sirva la comida?

—No, necesito otra cosa: necesito un traje de campesino y una pistola— dijo Pierre, enrojeciendo de pronto.

—Como usted mande— contestó Guerasim después de reflexionar.

Pierre pasó el resto de la jornada en el despacho del bienhechor; caminaba inquieto de un lado a otro y hablaba consigo mismo, como oyó Guerasim. Durmió en una cama que le prepararon allí mismo.


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