Guerra y Paz
Guerra y Paz Pero su compañero galopaba ya en dirección a los gritos, por delante de la iglesia de San Basilio. El oficial montó a caballo y lo siguió. Cuando llegó al puente vio dos cañones en posición, soldados de infantería caminando por el puente, algunos carros volcados, rostros asustados y sonrientes caras de soldados. Junto a los cañones había un carro tirado por dos caballos; detrás del carro, junto a las ruedas, cuatro galgos con sus collares. El carro llevaba una verdadera montaña de objetos, y, en lo más alto, junto a una silla de niño con las patas hacia arriba, estaba sentada una mujer que lanzaba gritos desesperados y agudos. Algunos compañeros explicaron al oficial que los gritos de la muchedumbre y de la mujer obedecían a que el general Ermólov, que se había encontrado con aquella multitud, al saber que los soldados se metían por las tiendas y los paisanos estorbaban el paso, había ordenado emplazar varios cañones, haciendo ver que se disponían a disparar sobre el puente.
El gentío, entre empujones, carros volcados y gritos, se hizo atrás hasta descongestionar el paso por el puente y las tropas pudieron proseguir su marcha.