Guerra y Paz
Guerra y Paz La muchedumbre se detuvo, rodeó a los que habían oído las palabras de la autoridad y siguió con los ojos al coche que se alejaba, mientras el jefe de policía miraba hacia atrás asustado. Dijo algo al cochero y el carruaje se alejó con más rapidez todavía.
—¡Nos está engañando, compañeros! ¡Vamos a ver al conde!— gritó el mozo alto.
—¡Vamos a que nos digan lo que pasa!— repitieron algunas voces.
—¡No dejéis, muchachos, que se vaya! ¡Que nos rinda cuentas! ¡Detenedlo!
La gente se lanzó a la carrera detrás del coche y, con gran alboroto, se encaminaron todos a Lubianka.
—¡Los señores y los mercaderes se han ido, y nosotros por culpa de ellos estamos perdidos! ¿Es que somos perros?— se oía cada vez con mayor frecuencia entre la muchedumbre.