Guerra y Paz
Guerra y Paz Después de cenar se tumbó en un diván sin desnudarse. A la una, lo despertó un correo que le traía una carta de Kutúzov. Considerando que el ejército retrocedía al camino de Riazán, más allá de Moscú, decía la carta, el conde debía mandar fuerzas de policía para guiar a las tropas en su paso por la ciudad. Eso no era una novedad para Rastopchin. No sólo a raíz de la entrevista con Kutúzov el día anterior en Poklónnaia, sino desde la batalla de Borodinó, cuando todos los generales que llegaban a Moscú opinaban unánimemente que aún no se podía presentar batalla, y desde que, con su permiso, todas las noches evacuaban de la ciudad los bienes estatales y la mitad de los habitantes de Moscú se habían marchado, el conde Rastopchin sabía que la capital sería abandonada. Sin embargo, esa noticia, comunicada por Kutúzov como una orden en forma de simple nota y recibida de noche, en pleno sueño, extrañó e irritó al conde.