Guerra y Paz
Guerra y Paz Aquel día el príncipe Vasili no se vanaglorió de su protege Kutúzov. Cuando alguien hablaba del general en jefe, el príncipe guardaba silencio. Por si esto fuera poco, en la tarde de aquel mismo día todo pareció conjurarse para mantener a los habitantes de San Petersburgo en la confusión y la inquietud. Se difundió otra terrible noticia: la condesa Elena Bejúzov había muerto repentinamente, fulminada por aquella horrible enfermedad cuyo nombre era tan agradable pronunciar. Oficialmente se decía que la condesa Bezújov había muerto de un ataque agudo de angine pectorale; pero en los círculos más íntimos se contaba que le médecin intime de la Reine d’Espagne había proporcionado a la bella Elena pequeñas dosis de cierto medicamento para provocar un determinado resultado; pero que ella, atormentada por las sospechas del viejo conde y la falta de respuesta de su marido (aquel desgraciado y disoluto Pierre), que no había respondido a sus cartas, tomó una gran dosis de la medicina prescrita y había muerto entre atroces sufrimientos antes de que nadie pudiera acudir en su ayuda. Se decía que el príncipe Vasili y el viejo conde quisieron emprender una acción contra el italiano, pero que él había mostrado cartas tan comprometedoras para la desventurada difunta que optaron por dejarlo inmediatamente en paz.