Guerra y Paz
Guerra y Paz Así pues, la conversación general giraba en torno a tres acontecimientos tristes: la falta de noticias del Emperador, la muerte de Kutáisov y la de Elena.
Al tercer día después de haberse recibido el informe de Kutúzov, llegó a San Petersburgo un terrateniente de Moscú y por toda la ciudad cundió la noticia de que Moscú había sido abandonada y ocupada. ¡Era espantoso! ¡En qué situación se hallaba el Emperador! Kutúzov era un traidor, y el príncipe Vasili, durante las visites de condoléance con motivo del fallecimiento de su hija, aseguraba que no se podía esperar otra cosa de Kutúzov, aquel viejo ciego y depravado al que tanto había glorificado poco antes (se le podía perdonar el olvido de lo que hasta entonces había sostenido en atención al dolor por la muerte de su hija).
—Lo único que me asombra es que se haya podido confiar la suerte de Rusia a un hombre semejante— decía.
Como la noticia no era todavía oficial, se podía poner en duda, pero al día siguiente llegaba un informe de Rastopchin: