Guerra y Paz
Guerra y Paz —Eso no está bien. No está bien. Tome nota— dijo el viejo general de bigotes y cara colorada.
Al cuarto dÃa comenzaron los incendios en la puerta de Zúbovski.
En unión de otros detenidos, llevaron a Pierre a Krimski-Brod, a la cochera de la casa de un comerciante. Al pasar por las calles Pierre sintió que el humo que llenaba toda la capital lo asfixiaba; por todas partes se veÃan llamas. Pierre no comprendÃa aún el sentido de Moscú en llamas y contempló el fuego con horror.
Pasó otros cuatro dÃas en la cochera y por los soldados franceses supo que todos los detenidos estaban esperando la decisión de un mariscal, que se producirÃa de un momento a otro; no pudo saber de qué mariscal se trataba. Evidentemente, para los soldados un mariscal era como el último y un tanto misterioso eslabón de la potestad suprema.
Aquellos primeros dÃas, hasta el 8 de septiembre, fecha del segundo interrogatorio, fueron los más penosos para Pierre.