Guerra y Paz
Guerra y Paz Desde que presenciara aquella matanza, cometida por hombres que no querÃan matar, sentÃa como si hubieran arrancado de su ser un resorte que lo sostenÃa todo y lo hacÃa vivo y como si todo ello no fuera ahora más que un montón informe y absurdo de desperdicios. HabÃa perdido la fe en la posibilidad de arreglar el mundo y la humanidad —aunque no era consciente de ello— y la fe en su propia alma y en Dios. Ya antes habÃa sentido lo mismo, pero no de manera tan intensa como ahora. Antes, cuando surgÃa en su alma una duda semejante, el origen era un error propio. Y Pierre sentÃa en lo más profundo de su alma que el medio de evitar la desesperación y la duda radicaba en sà mismo. Pero ahora no tenÃa conciencia de ser él la causa de que el mundo se derrumbara ante sus ojos, y se convirtiera en escombros absurdos; sentÃa que no estaba en su poder recuperar la fe en la vida.
Alrededor de él, en la oscuridad, habÃa algunas personas. Algo en él, sin duda, les interesaba grandemente. Le contaban algo, le hacÃan preguntas, después lo condujeron al interior y por último se encontró en un rincón de la barraca con otra gente, que hablaba y reÃa desde todas partes.
—Y asà ocurrió, hermanos… ese mismo prÃncipe quien… (la palabra quien fue pronunciada con acento especial)— decÃa una voz al otro extremo de la barraca.