Guerra y Paz
Guerra y Paz La célebre marcha oblicua se limitó a lo siguiente: el ejército ruso, retrocediendo siempre en sentido contrario al de la invasión, una vez que el avance de los franceses hubo cesado, se apartó de la línea recta seguida al principio y, al no sentirse perseguido, se dirigió como era natural hacia donde abundaban las provisiones.
Si nos imaginamos al ejército ruso desprovisto, no ya de jefes geniales, sino simplemente como tropas sin jefes, ese ejército no podía hacer otra cosa que volver de nuevo hacia Moscú, describiendo un gran arco por los lugares donde había mayor aprovisionamiento y regiones más fértiles.
El paso del camino de Nizhni-Nóvgorod a los de Riazán, Tula y Kaluga era hasta tal punto lógico que los merodeadores del ejército ruso seguían esa misma dirección, y desde San Petersburgo exigían que Kutúzov llevara sus tropas a ese mismo camino. En Tarútino, Kutúzov recibió casi una censura del Emperador por haber desviado las tropas al camino de Riazán y se le señaló la posición frente a Kaluga, en la que ya se hallaba cuando llegó la orden imperial.
Reculando en la dirección del empuje recibido durante toda la campaña, comprendida la batalla de Borodinó, cuando la fuerza de ese empuje —sin recibir otros nuevos— desapareció, el grueso del ejército ruso tomó la posición que le era natural.
