Guerra y Paz
Guerra y Paz Sólo Kutúzov empleaba todas sus fuerzas— no demasiado grandes para un general en jefe— en impedir el ataque.
No podía decirles lo que decimos hoy nosotros: ¿para qué presentar batalla, para qué interceptar caminos y perder soldados, para qué ese aniquilamiento inhumano de unos infelices? ¿Para qué todo eso, cuando ya de Moscú a Viazma, sin necesidad de combate, ha desaparecido la tercera parte de ese ejército? Les decía cuanto le dictaba su sabiduría de anciano, aquello que podían comprender; les hablaba del puente de plata, pero ellos se reían de él, lo calumniaban, intrigaban, se hacían los valientes ante la fiera muerta.
En las cercanías de Viazma los generales Ermólov, Milorádovich, Plátov y otros, que se encontraban cerca de los franceses, no pudieron resistir la tentación de separar y aniquilar dos cuerpos del ejército enemigo. Anunciaron su decisión a Kutúzov, pero en vez de enviarle un informe le mandaron un sobre con una hoja de papel en blanco.
Y a pesar de todos los esfuerzos de Kutúzov para detener la ofensiva, atacaron, con el intento de obstruir el camino a los franceses. Los regimientos de infantería —según cuentan— fueron al combate con bandas de música y redoble de tambores; mataron y perdieron miles de hombres.