Guerra y Paz

Guerra y Paz

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Todos aquellos hombres no deseaban más que una cosa: caer prisioneros y librarse así de tantos horrores y desventuras. Sin embargo, por una parte, la fuerza de la atracción general hacia el objetivo de Smolensk los llevaba en idéntica dirección, y por otra, un cuerpo de ejército armado no podía rendirse a una compañía; y aun cuando los franceses aprovecharan cualquier ocasión para separarse unos de otros, y hallaran plausible cualquier pretexto para entregarse al enemigo, esas ocasiones no surgían a cada paso. El propio número y la rapidez del movimiento en filas cerradas les quitaban esa posibilidad, y para los rusos resultaba más difícil, si no imposible, detener el movimiento emprendido por los franceses con toda energía. El desgaste mecánico del cuerpo no podía acelerar, más allá de cierto límite, el proceso en marcha de su descomposición.

No se puede fundir instantáneamente una gran bola de nieve; hay un límite de tiempo, antes del cual ninguna temperatura puede fundir la nieve: cuanto mayor es el calor, más se endurece la nieve restante.

Entre los jefes militares rusos, ninguno, a excepción de Kutúzov, lo comprendió. Cuando se definió claramente que las tropas francesas huían hacia Smolensk, comenzó lo previsto por Konovnitsin la noche del 11 de octubre. Todos los altos mandos del ejército querían distinguirse: todos querían atacar, cercar, destruir a los franceses. Todos exigían la ofensiva.


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