Guerra y Paz
Guerra y Paz Mientras Dólojov y Denísov discutían sobre lo que debía hacerse con los prisioneros, Petia se sintió incómodo y nervioso, pero no llegó a comprender bien lo que estaban diciendo. “Si gente tan destacada y famosa como ellos piensan así, es que así debe ser —pensaba—. Y, sobre todo, Denísov no debe creer que vaya a permitir que me dé órdenes. Iré al campo de los franceses con Dólojov. Si él puede, también yo podré.”
A todas las exhortaciones de Denísov para que no fuera, Petia contestó que tenía la costumbre de pensar bien las cosas y que jamás sentía miedo por su persona.
—Porque, reconocerá usted— dijo, —que si no sabemos con exactitud cuántos son los enemigos, estamos arriesgando cientos de vidas; en cambio, si actuamos ahora no corremos el peligro más que nosotros solos. Además, lo deseo con toda mi alma e iré de todas maneras… No me detenga, sería peor…