Guerra y Paz
Guerra y Paz Se incorporó. Un soldado francés, que acababa de echar de su sitio a uno ruso, estaba en cuclillas junto al fuego y asaba un pedazo de carne atravesado por una baqueta. Sus manos de cortos dedos, rojizas, velludas y surcadas de venas, daban vueltas a la baqueta con agilidad. El rostro, cetrino y sombrÃo, de cejas fruncidas, era claramente visible a la luz de las brasas.
—Ça lui est bien égal. Brigand! Va![618]— gruñó volviéndose al soldado que estaba a sus espaldas.
Y sin dejar de dar vueltas a la baqueta miró sombrÃamente a Pierre, quien se apartó, oteando la sombra. El prisionero ruso expulsado por el francés se habÃa sentado cerca de la hoguera y acariciaba algo. Pierre reconoció a la perrilla lilácea de Karatáiev que, moviendo el rabo, estaba junto al soldado.
—¡Ah! ¿Estás ah�— murmuró Pierre. —Y Pla…— pero no terminó.