Guerra y Paz
Guerra y Paz La quinta compañía había acampado en el lindero del bosque. Una enorme hoguera llameaba en medio de la nieve iluminando las ramas de los árboles, dobladas bajo el peso de la escarcha.
A medianoche los soldados oyeron en el bosque ruidos de pasos y de ramas quebradas.
—¡Muchachos, un oso!— dijo un soldado.
Todos alzaron la cabeza, prestando oído. A la luz de la hoguera vieron salir del bosque dos figuras humanas, extrañamente vestidas y apoyadas la una en la otra.
Eran dos franceses que se habían escondido en el bosque. Diciendo con ronca voz algo incomprensible para los soldados rusos, se acercaron al fuego. Uno de ellos, el más alto, con gorra de oficial, parecía completamente extenuado. Al llegar junto a la hoguera quiso sentarse, pero cayó en tierra. El otro, un soldado bajo y achaparrado, con la cara tapada con un pañuelo, no mostraba tanto cansancio; levantó a su compañero y, señalándose la boca, dijo algo. Los soldados rodearon a los franceses, tendieron en el suelo un capote para acomodar al enfermo y trajeron para los dos, gachas y vodka.
El exhausto oficial francés era Ramballe; el soldado de la cara abrigada con el pañuelo era Morel, su asistente.
