Guerra y Paz
Guerra y Paz Si, como hacen los historiadores, admitimos que los grandes hombres conducen a la humanidad hacia determinados objetivos, sea la grandeza de Rusia o de Francia, sea el equilibrio europeo o la expansión de las ideas revolucionarias, bien al progreso general o a cualquier otra cosa, resulta imposible explicar los fenómenos de la historia sin la intervención de la casualidad o del genio.
Si la finalidad de las guerras europeas a principios del siglo XIX era la grandeza de Rusia, este objetivo pudo haberse logrado sin todas las guerras precedentes y sin la invasión. Si el fin era la grandeza de Francia, pudo haberse conseguido sin la Revolución y sin el Imperio. Si se trataba de propagar ideas, la imprenta lo habría hecho mil veces mejor que los soldados. Si el objetivo era el progreso de la civilización, sería muy fácil suponer que, exceptuando el exterminio de los hombres y sus riquezas, existían caminos más racionales para impulsarla.
Entonces, ¿por qué ha sucedido así y no de otro modo?
La historia nos contesta: “La casualidad crea una situación y el genio la utiliza”.
Pero ¿qué es la casualidad? ¿Qué es el genio?
