Guerra y Paz
Guerra y Paz Vivir costaba menos porque era una vida regulada. Pierre ya no llevaba, ni deseaba llevar, aquel lujoso y caro nivel de vida que podÃa cambiar en todo momento. SabÃa que su modo de vivir estaba determinado para siempre, hasta su muerte, y que él no podÃa modificarlo, y por ello ese género de vida resultaba barato.
Satisfecho y sonriente, Pierre enseñaba sus compras.
—No está mal, ¿verdad?— dijo, desdoblando, como lo harÃa un vendedor, un corte de tela.
Natasha, sentada enfrente de su marido con la mayor de sus hijas sobre las rodillas, miraba con ojos brillantes ya a Pierre, ya las cosas que él iba sacando.
—¿Es para Bielova? ¡Perfecto! Te habrá costado a rublo la vara, ¿no?— preguntó, palpando la tela.
Pierre dijo el precio.
—Es caro— observó Natasha. —¡Cómo se van a alegrar los niños y maman! Pero no valÃa la pena que me compraras eso— añadió sin contener una sonrisa y admirando una peineta de oro y perlas, que entonces empezaban a estar de moda.
—Fue Adèle quien insistió que te lo comprara— explicó Pierre.
—¿Cuándo podré ponérmela?— y se la puso en la trenza. —Tal vez cuando Máshenka empiece a frecuentar la sociedad se vuelvan a llevar. Bien, vamos.