Guerra y Paz
Guerra y Paz Tomaron los regalos y se dirigieron primero a la habitación de los niños y después en busca de la condesa.
Cuando Pierre y Natasha entraron en la sala, con los paquetes bajo el brazo, la condesa estaba con la señora Bielova y hacía un solitario, según su costumbre.
La condesa había pasado ya de los sesenta y sus cabellos eran totalmente blancos; una pequeña cofia enmarcaba su arrugado rostro; tenía hundido el labio superior y los ojos apagados.