Guerra y Paz
Guerra y Paz Poco después, los niños entraban a dar las buenas noches y a besar a todos los mayores. Las institutrices y los preceptores saludaron también. Dessalles, que habÃa permanecido en el salón con Nikóleñka, lo invitó en voz baja a salir.
—Non, monsieur Dessalles, je demanderai à ma tante de rester[630]— replicó el muchacho, también en voz baja; y se acercó a su tÃa: —Ma tante, permite que me quede.
La cara del muchacho expresaba súplica, emoción y entusiasmo. La condesa MarÃa lo miró y se volvió a Pierre.
—Cuando está usted aquà no hay manera de que se vaya.
Pierre tendió la mano al preceptor.
—Je vous le ramènerai tout à l'heure, monsieur Dessalles, bonsoir.[631]
Y mirando con una sonrisa a Nikóleñka, añadió:
—Apenas nos hemos visto. Se va pareciendo mucho a su padre, ¿verdad, Mary?— agregó dirigiéndose a la condesa.
—¿A mi padre?— preguntó el muchacho enrojeciendo, mientras contemplaba a Pierre de abajo arriba con sus ojos brillantes y llenos de entusiasmo.