Guerra y Paz

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XIV

Poco después, los niños entraban a dar las buenas noches y a besar a todos los mayores. Las institutrices y los preceptores saludaron también. Dessalles, que había permanecido en el salón con Nikóleñka, lo invitó en voz baja a salir.

—Non, monsieur Dessalles, je demanderai à ma tante de rester[630]— replicó el muchacho, también en voz baja; y se acercó a su tía: —Ma tante, permite que me quede.

La cara del muchacho expresaba súplica, emoción y entusiasmo. La condesa María lo miró y se volvió a Pierre.

—Cuando está usted aquí no hay manera de que se vaya.

Pierre tendió la mano al preceptor.

—Je vous le ramènerai tout à l'heure, monsieur Dessalles, bonsoir.[631]

Y mirando con una sonrisa a Nikóleñka, añadió:

—Apenas nos hemos visto. Se va pareciendo mucho a su padre, ¿verdad, Mary?— agregó dirigiéndose a la condesa.

—¿A mi padre?— preguntó el muchacho enrojeciendo, mientras contemplaba a Pierre de abajo arriba con sus ojos brillantes y llenos de entusiasmo.


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