Guerra y Paz
Guerra y Paz —A sus órdenes, Excelencia— replicó el ucraniano, sacudiendo alegremente la cabeza.
—¡Mira bien, un buen paseo!
Otro húsar se habÃa precipitado también hacia el caballo, pero Bondarenko sujetaba ya las bridas. Era evidente que el cadete daba propinas abundantes para el vodka y que era provechoso hallarse a su servicio. Rostov acarició la crin de su caballo, después la grupa, y se detuvo en el porche.
“¡Excelente! ¡Será un buen caballo!â€, se dijo; y con una sonrisa de satisfacción, sujetando el sable, subió al zaguán con ruido de espuelas. El alemán dueño de la casa, con chaleco de franela y gorro en la cabeza, contemplaba la escena desde el establo, sosteniendo en la mano la horca con que habÃa recogido el estiércol. El rostro del alemán se aclaró al ver a Rostov. Sonrió alegremente y le guiñó un ojo:
—Schön gut’ Morgen, schön gut’ Morgen![152]— repitió, visiblemente satisfecho de saludar al joven.
—Schön fleissig![153]— dijo Rostov con la cordial sonrisa que nunca abandonaba su rostro animado. —Hoch Östreicher! Hoch Russen! Kaiser Alexander Hoch!— dijo al alemán, repitiendo las palabras que este último acostumbraba pronunciar con frecuencia.