Guerra y Paz

Guerra y Paz

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El alemán se echó a reír, salió del establo y, quitándose el gorro, lo agitó sobre su cabeza, gritando:

—Und die ganze Welt hoch![154]

—Und vivat die ganze Welt!— contestó Rostov, también quitándose la gorra y agitándola sobre su cabeza.

Aunque no hubiese motivo especial de alegría, ni para el alemán, que limpiaba su cuadra, ni para Rostov, que venía de hacerse cargo del forraje para el escuadrón, aquellos dos hombres, con alegre entusiasmo y amor fraternal, se miraron el uno al otro, agitaron la cabeza en señal de recíproco afecto y se separaron sonriendo: el alemán para volver a la cuadra y Rostov para entrar en la isba donde vivía con Denísov.

—¿Dónde está tu amo?— preguntó a Lavrushka, el asistente de Denísov, conocido por sus granujerías en todo el regimiento.

—No volvió esta noche. Seguro que ha perdido— respondió Lavrushka. —Lo conozco bien: cuando gana, vuelve en seguida para presumir, y cuando no vuelve hasta la mañana siguiente es señal de que lo han pelado y viene de mal humor. ¿Desea tomar café?

—Sí, dámelo.

Diez minutos después Lavrushka traía el café.

—Ya viene— dijo. —¡Buena me espera!


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