Guerra y Paz

Guerra y Paz

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Pero el Emperador lo interrumpió con una sonrisa.

—¿Cuántas millas?

—¿De dónde adonde, Majestad?

—De Dürrenstein a Krems.

—Tres millas y media, Majestad.

—¿Dejaron los franceses la orilla izquierda?

—Según la relación de los exploradores, los últimos cruzaron el río en balsas la noche pasada.

—¿Hay bastante forraje en Krems?

—No fue traído en cantidad suficiente…

Lo interrumpió el Emperador:

—¿A qué hora fue muerto el general Schmidt?

—Creo que a las siete.

—¿A las siete? Es muy triste, muy triste…

El Emperador le dio las gracias y saludó. El príncipe Andréi salió e inmediatamente se vio rodeado de cortesanos. Todos lo miraban con ojos cariñosos y le hablaban con palabras afables. El ayudante de campo de la víspera le reprochó que no hubiera quedado en palacio y le ofreció su casa. El ministro de la Guerra se acercó para felicitarlo: el Emperador acababa de concederle la orden de María Teresa, de tercer grado. El chambelán de la Emperatriz le comunicó que también ella deseaba verlo, lo mismo que la archiduquesa. Bolkonski no sabía a quién responder y, por unos segundos, se detuvo para orientarse. El embajador ruso lo condujo del brazo hacia una ventana para hablar con él.


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