Guerra y Paz

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XIII

Aquella misma noche, después de despedirse del ministro de la Guerra, Bolkonski partió para incorporarse al ejército, sin saber siquiera dónde podría encontrarlo y temiendo caer, en el camino de Krems, en manos de los franceses.

En Brünn toda la corte hacía sus maletas y enviaba los bagajes pesados a Olmütz. Cerca de Etzelsdorf, el príncipe Andréi salió al camino por el cual se retiraba el ejército ruso a grandes marchas y en el mayor desorden. Estaba tan embotellado de carros que era prácticamente imposible seguir adelante con el coche. El príncipe Andréi pidió al jefe de los cosacos un caballo y uno de sus hombres como escolta y, hambriento y cansado, prosiguió su marcha, adelantando los trenes regimentales en busca del comandante en jefe y su coche. Corrían por el camino los más alarmantes rumores sobre la suerte del ejército, y el aspecto de ese mismo ejército, que huía en desorden, confirmaba los rumores.

Cette armée russe que l'or de l'Angleterre a transportée des extrémités de l'univers, nous allons lui faire éprouver le même sort (le sort de l'armée d’Ulm)”,[183] recordó las palabras de la proclama de Bonaparte a sus soldados al empezar la campaña, palabras que excitaban su admiración por el héroe genial, un sentimiento de orgullo herido y la esperanza de la gloria.


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