Guerra y Paz

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IX

Al día siguiente de la revista, Borís, vestido con su mejor uniforme y acompañado de los buenos deseos de su compañero Berg, se acercó a Olmütz para ver a Bolkonski con el fin de sacar partido de sus buenas disposiciones y colocarse lo mejor posible; le apetecía sobre todo verse ayudante de campo de algún gran personaje. Tal cosa le parecía lo más digno de ambición en el ejército. “Para Rostov, a quien su padre envía miles de rublos, está muy bien eso de que no quiera humillarse delante de nadie y de que no le guste ser lacayo; pero yo, que no tengo nada más que mi cabeza, debo hacer carrera y no dejar que la ocasión se me escape de las manos sin aprovecharme de ella.”

No encontró aquel día al príncipe Andréi en Olmütz. Pero el aspecto de la ciudad, donde estaba el Cuartel General y el cuerpo diplomático y donde se hallaban los dos Emperadores con sus séquitos respectivos —cortesanos y familiares—, aumentó todavía más en el joven el deseo de penetrar en aquellas esferas superiores.





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