Guerra y Paz
Guerra y Paz A las diez de la noche Weyrother llegó con sus planos al cuartel de Kutúzov, donde habÃa de reunirse el Consejo de Guerra. Estaban allÃ, a la hora indicada, todos los jefes de columna, excepto el prÃncipe Bagration, que se negó a acudir.
Weyrother, que era el gran organizador de la futura batalla, ofrecÃa, por su animación e impaciencia, un fuerte contraste con Kutúzov, disgustado y soñoliento, que, muy a su pesar, debÃa hacer de presidente y director del Consejo de Guerra. Era evidente que Weyrother se sentÃa al frente de un movimiento ya incontenible. Era como un caballo enganchado a una carreta que corre cuesta abajo. ¿Arrastraba él o era empujado? Lo ignoraba, pero seguÃa avanzando a una velocidad vertiginosa, sin tiempo ya para pensar adonde lo conducirÃa aquel movimiento. Por dos veces habÃa ido Weyrother aquella tarde a inspeccionar las avanzadas enemigas y por dos veces se habÃa entrevistado con los Emperadores, el ruso y el austrÃaco, a fin de comunicarles sus impresiones; luego fue a su despacho para dictar en alemán la orden de operaciones. Rendido, llegaba ahora al cuartel de Kutúzov.
