Guerra y Paz
Guerra y Paz —¿Han llegado noticias de Andréi?— preguntó.
—No, no… Ya sabes que todavÃa no han podido llegar; pero mon père empieza a inquietarse y eso me da miedo.
—Entonces ¿no hay nada?
—No, nada— dijo la princesa MarÃa, mirando fijamente a su cuñada con sus bellos y luminosos ojos. Estaba decidida a no decirle la verdad y habÃa convencido a su padre de que ocultara la terrible noticia hasta después del parto, que se esperaba de un dÃa para otro.
La princesa MarÃa y el viejo prÃncipe sufrÃan y ocultaban su dolor cada uno a su manera. El anciano no querÃa hacerse ilusiones; habÃa decidido que su hijo habÃa muerto, y aun cuando enviara a un emisario a Austria en busca de noticias suyas, habÃa encargado en Moscú un monumento que pensaba colocar en su parque. DecÃa a todos que habÃan matado a su hijo. Procuraba no modificar en nada su modo de vida, pero las fuerzas lo abandonaban; paseaba menos, comÃa y dormÃa menos y cada dÃa estaba más débil.
La princesa MarÃa confiaba. Rezaba por su hermano como si estuviera vivo y esperaba cada instante la noticia de su retorno.