Guerra y Paz
Guerra y Paz Y la pequeña princesa rompió en llanto como una niña caprichosa, hasta con un poco de fingimiento, retorciendo sus pequeñas manos.
La princesa MarÃa salió en busca de MarÃa Bogdánovna.
—Oh! Mon Dieu! Mon Dieu!— oyó mientras se alejaba.
La comadrona se acercaba, frotándose las manos blancas, pequeñas y regordetas, el rostro grave y tranquilo.
—MarÃa Bogdánovna, parece que ya ha comenzado— dijo la princesa MarÃa mirándola con ojos muy abiertos y asustados.
—Y gracias a Dios, princesa— dijo MarÃa Bogdánovna sin apresurar el paso. —Y usted debe retirarse; no son cosas que deban saber las doncellas.
—¿Qué vamos a hacer? El médico de Moscú no ha llegado todavÃa— dijo la princesa.
Según el deseo de Lisa y del prÃncipe Andréi, habÃan llamado a un doctor, al que esperaban de un momento a otro.
—No importa, princesa, no se preocupe: todo saldrá bien, aun sin médico— repuso MarÃa Bogdánovna.