Guerra y Paz
Guerra y Paz Al tercer día de las fiestas de Navidad, Nikolái comía en casa, lo que en los últimos tiempos sucedía rara vez. Era la comida oficial de despedida, puesto que él y Denísov se iban después de la Epifanía. Se habían reunido unas veinte personas, entre las cuales estaban Dólojov y Denísov.
Aquella atmósfera amorosa nunca se había sentido con tanta intensidad en casa de los Rostov como en esos días de fiesta: “¡Goza de estos momentos de felicidad, trata de que te amen, ama! No hay más verdad que ésa en el mundo, lo demás no cuenta. ¡Aquí sólo nos ocupamos de eso!”, parecía decir el ambiente de la casa.
Nikolái, agotando como siempre dos parejas de caballos sin conseguir llegar a todas las fiestas a que lo invitaban ni hacer todas las visitas necesarias, regresó a su casa en el momento mismo de la cena. Al entrar se dio cuenta de la tensión en la atmósfera amorosa de la casa. Y también de la extraña turbación de algunos de los presentes. Sonia, Dólojov, la condesa y la misma Natasha estaban particularmente confusos. Nikolái comprendió en seguida que algo había ocurrido entre Sonia y Dólojov y, con su habitual delicadeza, los trató con especial afecto y tacto. Aquella misma noche había en casa de Joguel —el maestro de baile— una de las fiestas que él organizaba en esos días para sus alumnos de ambos sexos.
