La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich A la hora acostumbrada llegó el médico. Iván Ilich solo le contestaba con monosílabos, sin apartar de él su mirada llena de odio. Al final añadió:
—Sabe usted perfectamente que no puede hacer nada por ayudarme, así que déjeme en paz.
—Podemos aliviarle los sufrimientos —dijo el médico.
—Ni siquiera eso puede hacer. Déjeme en paz.
El médico pasó a la sala e informó a Praskovia Fiódorovna de que el enfermo estaba muy mal y de que el opio era el único medio de calmar sus padecimientos, que debían de ser espantosos. Añadió que sus sufrimientos físicos eran terribles, sin duda; pero más terribles aún eran los morales, y que estos eran la principal causa de su tormento.
Sus tormentos morales consistían en que, esa noche, al contemplar el rostro soñoliento, bondadoso y de pómulos salientes de Guerásim, le había venido de pronto a la cabeza la siguiente idea: «¿Y si en realidad toda mi vida, mi vida consciente, no ha sido “como habría debido ser”?».