La Muerte de Ivan Ilich

La Muerte de Ivan Ilich

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—El oficio va a empezar de un momento a otro. Hagan el favor de pasar.

Schwartz, después de ensayar una tímida reverencia, se detuvo: era evidente que no acababa de decidir si aceptar o rechazar la proposición. Praskovia Fiódorovna, al reconocer a Piotr Ivánovich, suspiró, se acercó a él, le cogió de la mano y dijo:

—Sé que era usted un verdadero amigo de Iván Ilich… —Y se lo quedó mirando, esperando una reacción que estuviera en consonancia con tales palabras.

Lo mismo que antes Piotr Ivánovich había juzgado necesario persignarse, ahora sabía que debía estrechar la mano de esa mujer, emitir un suspiro y exclamar: «No le quepa duda». Y eso es lo que hizo. Entonces se dio cuenta de que había logrado el resultado apetecido: ambos se habían conmovido.

—Vámonos antes de que empiece. Tengo que hablar con usted —añadió la viuda—. Deme el brazo.

Piotr Ivánovich hizo lo que le decían, y los dos se encaminaron a las habitaciones interiores, pasando al lado de Schwartz, que guiñó un ojo a su amigo con aire compungido: «¡Adiós partida! No se lo tome a mal si reclutamos a otro compañero de juego. Una vez quede usted libre, jugaremos los cinco», trató de comunicarle con una jocosa mirada.


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