La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich Piotr Ivánovich emitió un suspiro aún más profundo y apenado, y Praskovia Fiódorovna se lo agradeció apretándole el brazo. Al entrar en una salita tapizada de cretona rosa, iluminada por la tenue luz de una lámpara, se sentaron al lado de una mesa, ella en un sofá y Piotr Ivánovich en un puf muy bajo de muelles desvencijados, que se desbarató todo bajo su peso. Praskovia Fiódorovna habría querido advertirle que tomara otro asiento, pero consideró que semejante comportamiento no cuadraba con su situación y cambió de idea. Al sentarse en el puf, Piotr Ivánovich se acordó de que, cuando Iván Ilich decidió arreglar la sala, le había pedido consejo sobre esa cretona rosa con hojas verdes. Al bordear la mesa para tomar asiento en el sofá (la sala entera estaba abarrotada de adornos y muebles), a la viuda se le enganchó el encaje negro de su mantilla en una de las entalladuras de la mesa. Piotr Ivánovich se levantó para ayudarla y los muelles del puf, liberados de su peso, se estiraron y le dieron un empujón. Praskovia Fiódorovna intentó desenganchar la puntilla por sí misma, y Piotr Ivánovich volvió a sentarse, aplastando el rebelde puf; pero al no lograr la viuda su objetivo, Piotr Ivánovich volvió a ponerse en pie, y de nuevo el puf se soliviantó y hasta emitió un crujido. Una vez solucionado el incidente, Praskovia Fiódorovna sacó un pañuelo de batista inmaculado y se echó a llorar. El episodio de la mantilla y la lucha con el puf habían enfriado los sentimientos de Piotr Ivánovich, así que se limitó a fruncir el ceño, sin moverse de su sitio. A tan embarazosa situación puso fin Sokolov, el mayordomo de Iván Ilich, que entró para comunicar que el emplazamiento del cementerio elegido por Praskovia Fiódorovna costaría doscientos rublos. La viuda dejó entonces de llorar y, mirando a Piotr Ivánovich con aire de víctima, dijo en francés que lo estaba pasando muy mal. Piotr Ivánovich le respondió con un gesto mudo, con el que pretendía expresar su pleno convencimiento de que no podía ser de otro modo.