La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich —¿Tanto? —preguntó Piotr Ivánovich.
—Unos padecimientos atroces. Se pasó gritando no ya los últimos minutos, sino las últimas horas. Tres dÃas y tres noches seguidos gritando, sin concederse un respiro. Fue insoportable. TodavÃa no entiendo cómo no me volvà loca. Se le oÃa incluso habiendo tres puertas de por medio. ¡Ah, lo que he tenido que pasar!
—Pero ¿es posible que estuviera consciente? —preguntó Piotr Ivánovich.
—Sà —respondió ella en un susurro—, hasta el último instante. Se despidió de nosotros un cuarto de hora antes de morir, y aun nos pidió que nos lleváramos a Volodia.
Al pensar en los sufrimientos de un hombre al que habÃa conocido tan de cerca, primero como muchacho alegre, en la escuela, luego ya de adulto, como compañero, Piotr Ivánovich se horrorizó, olvidado por un momento de la penosa impresión que le causaba su propia hipocresÃa y la de la mujer que le acompañaba. Volvió a ver la frente del difunto, la nariz asaltando el labio superior, y sintió miedo por sà mismo.