La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich En provincias Iván Ilich no tardó en asegurarse una posición tan cómoda y agradable como la que había caracterizado su vida de estudiante. Se ocupaba de las tareas propias de su cargo, se iba labrando un nombre y, al mismo tiempo, se entretenía con diversiones gratas y decorosas. De vez en cuando, por orden de sus superiores, se trasladaba a algunas capitales de distrito, donde se comportaba con dignidad tanto con superiores como con subordinados, y, con una meticulosidad y una honradez intachables, de las que no podía por menos de sentirse orgulloso, resolvía los asuntos que le habían confiado, casi siempre relacionados con procesos a los cismáticos.
A pesar de su juventud y de su inclinación a las diversiones ligeras, en el trabajo se mostraba extraordinariamente reservado, puntilloso y hasta severo; pero en sociedad solía dar muestras de jovialidad e ingenio, siempre bondadoso, correcto y bon enfant, como decían de él su superior y la mujer de este, que le recibían como si fuese uno más de la familia.