La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich ¡Cuánto tiempo hacía que no experimentaba una alegría y una satisfacción como las que le embriagaban cuando regresó a la aldea! Praskovia Fiódorovna también se alegró, y entre ellos se estableció una suerte de tregua. Iván Ilich le contó los muchos honores que había recibido en San Petersburgo, la infamia de la que se habían cubierto sus enemigos, que ahora se arrastraban ante él, la envidia que despertaba su posición y, sobre todo, lo mucho que lo apreciaban todos en la capital.
Praskovia Fiódorovna escuchaba sus razones y hacía como si le creyera, no le contradecía en nada y se limitaba a hacer planes para organizar su nueva vida en la ciudad a la que le habían destinado. E Iván Ilich constataba con alegría que esos planes coincidían con los suyos, que estaban de acuerdo en todo y que el curso de su vida, interrumpido por un tiempo, retomaba ese tono tan propio y característico, marcado por el decoro y una agradable despreocupación.
Iván Ilich no se quedó muchos días en la aldea. El 10 de septiembre tenía que tomar posesión de su cargo; además, necesitaba tiempo para instalarse en su nuevo hogar, trasladar sus enseres a la provincia, comprar algunas cosas y encargar muchas otras; en definitiva, disponerlo todo según los planes que se había forjado en su cabeza, que se correspondían casi punto por punto con los de Praskovia Fiódorovna.