La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich Piotr salió. Una vez solo, Iván Ilich gimió no tanto de dolor, aunque era terrible, como de angustia. «Siempre lo mismo, todos estos dÃas y noches interminables. Si al menos viniera de una vez. Pero ¿qué es lo que tiene que venir? La muerte, la oscuridad. No, no. ¡Cualquier cosa es mejor que morir!».
Cuando Piotr entró con el servicio de té en una bandeja, Iván Ilich lo contempló largo rato desorientado, sin entender quién era y qué hacÃa. Al notar esa mirada, Piotr se turbó. En ese momento Iván Ilich se recobró.
—Ah, sà —dijo—, el té… Muy bien, déjalo ahÃ. Y ahora ayúdame a lavarme y a ponerme una camisa limpia.
E Iván Ilich empezó a lavarse. Tomándose su tiempo, se lavó las manos y la cara, se limpió los dientes, empezó a peinarse y se miró en el espejo. Se quedó aterrorizado, sobre todo cuando vio cómo los cabellos se le pegaban sin gracia sobre la frente pálida.