La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich —¿Qué desea el señor?
—El reloj.
Piotr cogió el reloj, que estaba al alcance de la mano, y se lo dio.
—Las ocho y media. ¿TodavÃa no se han levantado?
—No. Vasili Ivánovich (el hijo) se ha marchado al instituto y Praskovia Fiódorovna ha ordenado que la despertemos si pregunta usted por ella. ¿La llamo?
—No, no es necesario. —«¿Y si tomara una tacita de té?», pensó—. SÃ, el té… tráemelo.
Piotr se dirigió a la puerta. Iván Ilich tuvo miedo de quedarse solo. «¿Qué podrÃa hacer para retenerlo? Ah, sÃ, la medicina». —Piotr, dame la medicina. «Por qué no, la medicina puede ayudarme». Cogió una cucharilla y la tomó. «No, no me hará nada. Todo esto es una tonterÃa, un engaño —concluyó, en cuanto sintió ese conocido sabor dulzón e inevitable—. No, ya no puedo creer en tales cosas. Pero este dolor, ¿a qué se debe? Si me dejara tranquilo al menos un instante». Y emitió un gemido. Piotr volvió sobre sus pasos. —No, vete. Tráeme el té.