La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich De esa manera transcurre una hora y luego otra. De pronto suena el timbre en la puerta de entrada. Si fuera el médico… En efecto, es él, fresco, sano, gordo, alegre, con esa expresión que parecÃa decir: «Bueno, se ha asustado usted, pero ya estoy yo aquà para arreglarlo todo». El médico sabe perfectamente que en este caso la mencionada expresión no tiene ningún sentido, pero está ya tan acostumbrado a ella que no se la puede quitar de la cara, como esos hombres que se ponen el frac por la mañana para ir de visita.
El médico se frota las manos con brÃo y aire tranquilizador.
—Estoy aterido. Menuda helada ha caÃdo. Espere un momento a ver si entro en calor —dice, y por la expresión de su cara podrÃa pensarse que en unos instantes, en cuanto entre en calor, pondrá solución a todo—. Bueno ¿cómo…?
Iván Ilich adivina que el médico ha estado a punto de decir: «¿Cómo se encuentra?», pero que hasta él mismo se ha dado cuenta de lo inapropiado de tal expresión, y entonces rectifica: «¿Cómo ha pasado la noche?».
Iván Ilich mira al médico como si quisiera preguntarle: «¿Es que nunca te avergonzarás de mentir?». Pero el médico se desentiende de esa pregunta muda.
Entonces Iván Ilich le dice: