La Muerte de Ivan Ilich

La Muerte de Ivan Ilich

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Entró también Fiódor Petróvich, vestido de frac, los cabellos rizados à la Capoul, con su cuello largo y fibroso ceñido por el de la camisa, de color blanco, al igual que la enorme pechera, los robustos muslos enfundados en unos pantalones estrechos y negros, con un solo guante blanco puesto y el sombrero de copa en la cabeza.

Tras él se coló también en la habitación, sin hacerse notar, un estudiante de bachillerato con el uniforme nuevecito, de aspecto un tanto lastimoso, con los guantes puestos y unas ojeras terribles, cuyo significado Iván Ilich conocía bien.

Siempre le había dado pena su hijo. Qué terrible era su mirada asustada, llena de conmiseración. Iván Ilich tenía la impresión de que, aparte de Guerásim, Vasia era el único que le comprendía y se compadecía de él.

Todos tomaron asiento y se interesaron por su salud. Se produjo un silencio. A continuación Liza le preguntó a su madre si tenía los impertinentes. Estalló entonces una discusión entre madre e hija sobre cuál de las dos los había cogido y dónde los había puesto. La situación se hizo embarazosa.

Fiódor Petróvich preguntó a Iván Ilich si había visto a Sarah Bernhardt. En un principio este no entendió la cuestión, pero luego dijo:

—No. ¿La ha visto usted?


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