La Muerte de Ivan Ilich
La Muerte de Ivan Ilich El matrimonio… tan imprevisto y tan decepcionante, y el mal aliento de su mujer, y la sensualidad y la hipocresÃa. Y esa labor estéril, y las preocupaciones por el dinero, y asà un año, dos, diez, veinte: siempre lo mismo. Y cuanto más se acercaba al presente, más muerto le parecÃa todo. Como si hubiese estado bajando todo el tiempo por una montaña figurándose que estaba subiendo. Asà habÃa sido. Según la opinión ajena habÃa estado subiendo, pero en realidad la vida se le habÃa escapado un dÃa y otro bajo los pies… Y ya estaba todo hecho. ¡Solo le quedaba morir!
Pero ¿qué habÃa pasado? ¿Por qué? No podÃa ser. No podÃa ser que la vida fuera tan absurda y repugnante. Y si en verdad era tan absurda y repugnante, ¿por qué morir, y además sufriendo? HabÃa algo que no cuadraba.
«¿Cabe la posibilidad de que no haya vivido como deberÃa haberlo hecho? —Se le pasó de pronto por la cabeza—. Pero ¿cómo es posible? Si he hecho siempre lo que correspondÃa en cada momento», se dijo, rechazando sin más la única solución al enigma de la vida y de la muerte, como si fuera algo completamente imposible.