Resurrección
Resurrección Aquel verano, Nejliúdov experimentaba en casa de sus tÃas esa sensación entusiasta del adolescente que —sin ayuda de otros, por sà mismo— percibe por primera vez toda la belleza e importancia de la vida y el importante papel que está llamado a desempeñar el hombre. VeÃa la posibilidad de una perfección ilimitada, tanto para él como para todo el mundo, y se entregaba a ello no sólo con esperanza, sino con la seguridad de conseguir lo que imaginaba. Aquel año habÃa leÃdo en la Universidad Social Statics, de Spencer, y su teorÃa acerca de la propiedad de la tierra le produjo una enorme impresión, sobre todo porque él era hijo de una gran latifundista. Su padre no habÃa sido rico; en cambio, la madre habÃa recibido como dote cerca de diez mil desiátinas de tierra. Entonces comprendió por primera vez la crueldad e injusticia de la propiedad privada y, siendo uno de esos hombres para quienes el sacrificio en aras de las exigencias morales constituye un gran placer espiritual, decidió no permitirse el derecho de poseer tierras en propiedad, e inmediatamente entregó a los campesinos la heredada de su padre. Precisamente sobre este tema escribÃa su tesis.