Resurrección
Resurrección Entonces era un joven honrado, abnegado, dispuesto a sacrificarse por cualquier obra buena. Ahora se había convertido en un libertino, un egoísta refinado, que sólo se preocupaba de su propio placer. En aquella época, el mundo se le presentaba como un enigma que trataba de descifrar con alegría y entusiasmo; ahora, todo en el mundo le parecía sencillo y claro y se definía por las condiciones de vida en que uno se encontraba. Entonces, le resultaba necesario e importante el contacto con la naturaleza y con los hombres que habían vivido, pensado y sentido antes —filósofos y poetas—; ahora consideraba necesario e importante frecuentar instituciones creadas por los hombres y tener contacto con los compañeros. Entonces, la mujer se le aparecía como una criatura misteriosa y encantadora que precisamente por ese misterio resultaba un ser encantador; ahora, el significado de la mujer, de cualquier mujer —salvo las de su familia y las esposas de sus amigos—, estaba muy definido: la mujer era uno de los mejores instrumentos de placer, que ya había experimentado muy bien. Entonces no le hacía falta dinero, y podía arreglarse con la tercera parte de lo que le daba su madre, podía renunciar a la finca heredada del padre y repartirla entre los campesinos; ahora, no alcanzándole los mil quinientos rublos mensuales que le asignaba su madre, había tenido conversaciones desagradables con ella a causa del dinero. Entonces consideraba que su verdadero yo era la parte espiritual de su ser; ahora, que su yo lo constituía su parte sana, fuerte y animal.