Resurrección
Resurrección —Él ha traído su jabón —observó Tijón, defendiendo la independencia del huésped, señalando con orgullo un gran neceser de Nejliúdov, con guarniciones de plata, abierto, con una enorme cantidad de frasquitos, cepillos, perfumes, fijador y otros objetos de tocador.
—Dele las gracias a mi tía. ¡Cómo me alegro de haber venido! —exclamó Nejliúdov, sintiendo que en su alma todo se volvía claro y enternecedor, como antes.
Como respuesta a estas palabras, Katiusha se limitó a sonreír y salió de la habitación.
Sus tías —que siempre habían querido a Nejliúdov— le recibieron esta vez con más alegría aún que de costumbre. Dimitri iba a la guerra, donde podía ser herido o muerto. Esto las conmovía.
Nejliúdov había arreglado el viaje para pasar en la finca de sus tías un día y una noche, pero al ver a Katiusha accedió a quedarse para Pascua, que iba a celebrarse dentro de dos días. Telefoneó a su amigo y compañero Shembok —con quien debía reunirse en Odesa— para que viniera a casa de sus tías.