Resurrección
Resurrección En este período de su egoísmo desenfrenado, despertado durante su vida en San Petersburgo y el ejército, el hombre animal se había adueñado de él ahogando por completo al espiritual. Pero al ver a Katiusha y sentir de nuevo lo de antes, el hombre espiritual había alzado la cabeza y reclamaba sus derechos. Durante los dos días que faltaban para la Pascua, en su interior se libraba una lucha constante.
En lo más recóndito de su alma sabía que era preciso marcharse y que no podía prolongar la estancia en casa de sus tías, pues no resultaría nada bueno, pero era tan atrayente y agradable que, sin hacer caso de esto, se quedó.
El sábado por la noche, víspera del Domingo de Resurrección, llegó para celebrar los maitines el pope, acompañado por el diácono y el sacristán. Según contaron, a duras penas pudieron atravesar en trineo, sorteando los charcos, aquellas tres verstas[12] que separaban la iglesia de la finca de las tías.