Resurrección
Resurrección —¡Cristo ha resucitado! —dijo Matriona Pávlovna, inclinando la cabeza y sonriendo, con una entonación que daba a entender que aquel día todos eran iguales, y limpiándose la boca con un pañuelo arrugado, estiró hacia él sus labios.
—¡En verdad, ha resucitado! —contestaba Nejliúdov, besándola. Miró a Katiusha, ésta se ruborizó y enseguida se acercó a él.
—¡Cristo ha resucitado, Dimitri Ivánovich!
—¡En verdad, ha resucitado! —contestó. Se besaron dos veces y, como si se hubieran quedado pensando si había que besarse más y decidieran que sí, volvieron a besarse por tercera vez, y ambos sonrieron.
—¿No van a casa del pope? —preguntó Nejliúdov.
—No, esperaremos aquí, Dimitri Ivánovich; nos sentaremos un poco —dijo Katiusha respirando trabajosamente, como después de un agradable esfuerzo, mirándole fijamente con sus ojos dóciles, puros y un poco bizcos.