Resurrección

Resurrección

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Inmediatamente después de comer se retiró a su habitación y presa de una enorme agitación se puso a pasear, escuchando los ruidos de la casa, esperando oír sus pasos. El hombre animal que vivía en su interior no sólo alzó ahora la cabeza, sino que pisoteó al espiritual que estaba en él durante su primera estancia en la finca e incluso aquella mañana en la iglesia, y ese terrible hombre animal dominaba ahora solo su alma. A pesar de que no cesaba de acecharla, aquel día no consiguió encontrarse con ella a solas ni una vez. Sin duda, ella le rehuía. Pero por la noche, tuvo que ir a la habitación contigua a la que ocupaba. El médico se quedaba a pernoctar y Katiusha tenía que preparar la cama del huésped. Al oír sus pasos, Nejliúdov, andando silenciosamente y conteniendo la respiración, como si se preparase para cometer un crimen, entró tras ella.

Con ambas manos metidas en una funda de almohada limpia y sosteniéndola por los picos, se volvió hacia él y sonrió, pero no con la sonrisa alegre y feliz —como antes—, sino asustada y lastimera. Esta sonrisa parecía decirle a Nejliúdov que estaba haciendo algo mal. Se detuvo un momento. Quedaba todavía la posibilidad de luchar. Aunque débil, aún oía la voz del verdadero amor hacia ella, que le hablaba de ella, de sus sentimientos y de su vida. La otra voz le decía: «Mira, vas a dejar escapar tu placer y tu felicidad». Y un terrible e irresistible sentimiento animal se apoderó de él.


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