Resurrección
Resurrección —Esa mujer —decÃa el sustituto del fiscal, sin mirarla— ha recibido instrucción, según acaba de declarar la dueña del establecimiento en que estaba. No sólo sabe leer y escribir, también sabe francés; es huérfana, probablemente lleva en sà el germen de la delincuencia, ha sido educada en una familia noble e inteligente y hubiera podido vivir de un trabajo honrado. Pero abandona a sus protectores, se entrega a sus pasiones y para satisfacerlas ingresa en una casa de tolerancia, donde se destaca de sus compañeras por su educación y, sobre todo, como han oÃdo ustedes aquÃ, señores del jurado, declarado por su patrona, por saber influir sobre los visitantes con esa misteriosa forma estudiada en los últimos tiempos por la ciencia, en particular por la escuela de Charcot, conocida con el nombre de sugestión. Con estos mismos medios domina al ingenuo y confiado héroe ruso, a ese Sadkó,[17] invitado rico, y utiliza esa confianza para robarle primero y luego, despiadadamente, quitarle la vida.
—Vaya, parece que se ha puesto a divagar —dijo el presidente del Tribunal, sonriendo e inclinándose hacia el juez.
—Es un tonto de remate —convino el severo juez.