Resurrección
Resurrección —Señores del jurado —mientras tanto el sustituto del fiscal continuaba moviendo graciosamente su delgado talle—, en vuestras manos está la suerte de estas personas, pero también está en vuestras manos, en parte, la suerte de la sociedad, sobre la que ejerceréis influencia con vuestro veredicto. Penetrad en la importancia de este crimen, en el peligro que representa para la sociedad la existencia de tales individuos patológicos, digámoslo asÃ, como Máslova, y preservad de su contagio a los inocentes y sanos elementos de la sociedad, preservadlos del contagio y la frecuente ruina.
Y como si se sintiera aplastado por la importancia del futuro veredicto, el sustituto del fiscal, sin duda muy entusiasmado por su propia elocuencia, se dejó caer en el sillón.
El sentido de su discurso, a excepción de la belleza de su elocuencia, consistÃa en que Máslova habÃa hipnotizado al comerciante con objeto de adueñarse de su confianza y, una vez en su habitación, habÃa querido apoderarse del dinero, pero al ser sorprendida por Simón y Efimia, tuvo que compartirlo con ellos. Después, para borrar las huellas del robo, volvió de nuevo con el comerciante al hotel, y allà lo envenenó.